Tiempo circular

Esta vez encontré
una arruga en mi cara
escrita con tu nombre de derecha a izquierda.

 

Recuerdo de aquel duelo con espadas de cristal,
rasguños de peleas en broma,
niñas felices jugando a la guerra
con sangres de kétchup
y una muerte
inventada para el beso que nos volviera a la vida.

 

No volveremos a los días
de nacernos y morir a un mismo rato,
tiempo circular,
teoría de túneles conexos y negros agujeros
repletos de sueños
que vivimos convencidas de lo eterno
de nuestras risas cautivas
y mañanas por llegar.

 

Esta vez te encontré dibujándome canas,
blanca seña del lapso en melena amputada,
barba torpe en arreglos con sentencias de nieve.
Y al mirarnos atrás,
Reconozco los versos aún lejanos, precoces
en mis voces tan nuevas.

 

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Alzar el sueño

Hoy recibo uno de esos regalos que le dan sentido a seguir escribiendo y compartiendo para que otras lo hagan también conmigo.
Ser parte de la obra de alguna manera, sirviendo de excusa para que siga pariendo arte con mayúscula desde su pintura, del gran Germán Glez, es uno de los mayores lujos que me ha dado la poesía.
Nos conocemos desde hace mucho ya y sé en primera persona que todo lo que toca lo desborda de creatividad y nunca deja de sorprendernos. No se pierdan su trabajo, les va a encantar:
Germán González 365 Sketches 2018

A soplos el té

Tú sabías bien como era.
No intenté nunca el engañarte
llevarte por caminos ocultos
misterios con lo que encubrir
mis hambres sin ganas
mis venas abiertas
mis sobras con sed.
No te mentí y aún
a cobro revertido me llamas,
me reclamas los pasos de este contador cansado de andar,
las pequeñas cosas que hacen de la vida lo insufrible de seguir,
abrazos contados, mientras enfrías a soplos el té.

Bocas de ayer

El nuestro
que fue un amor de trinchera,
abierta herida, zanja infame entre dos bandos
ninguno culpable al fin del fin del otro,
ambos dispuestos a morir por no parar,
por no torcer el brazo erguido a ser vencidas.
El nuestro, que fue trinchera amor
de otras guerras que amenazaban nuestros pasos,
de las caras que nos miraban de lejos
asustadizas y miopes caras inertes
envidiosas de las ganas que latían
a dos por uno
en las sonrisas altivas
de nuestras bocas de ayer.

ilustración: “Agent O” by FinDAC.

No te conozco

Hoy que Facebook nos recuerda
cuando supe de ti.
Cuando comencé a ser alguien
en la pantalla de tu iPhone 4,
del iMac que compraste a base
de horas extras y cafés de madrugada
en calles mojadas de sangre proletaria,
de lluvias de hipotecas y finales de mes
que nunca acaban.
Hoy que Facebook me muestra tu foto
sonriente y bien jodida
exultante de poses frías para la posteridad,
caigo en la cuenta de que aún
no te conozco.

Huella ecoilógica

Me da igual que no sea la época.
Que la sequía haya confundido la tierra con sal,
que no se hayan dado humedades complacientes
con el nivel relativo correcto y casi exacto para su laboreo.
Yo quiero tu boca en mi plato, tu beso en mi almohada, tu calma en mi sien
saltándose infame el kilómetro cero, el biocultivo, el Tratado dispuesto ecológico fiel.
Dos de azúcar y un café.