Pisadas comunes

Cansada de buscarte te encontré
cuando el aire te expiraba.

 

Hastiada de los poemas de antiamor
que imploran a gritos
las noches con luna de marejada nocturna,
paseos al pie de precipicios decadentes
a dos manos
de cuatro pisadas comunes.
Mentiras revolutas de poses facebookianas,
charlas de amor libre
y un cuarto de kilo de corazones con coraza.

 

Cuando ya no te esperaba te encontré
y vacunadas tú y yo
del celo con celos de las zarpas del capital,
patriarcal manera de hacernos daño
por querer,
nos olvidamos de querernos sin más
ni menos cargas impuestas por las nuestras,
tan liberadas que inventamos
las cadenas que nos atan.

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rozar el suelo

sin cambio admitido

Se nos fue llenando de rumbre
la angustia antigua de culparnos por todo.
De abrirnos en canal las viejas venas
tan hinchadas de aguantarse
sin estallarnos por dentro.
Se nos fue olvidando la conciencia,
lavó sus manos y la cara avergonzada
en mares de caricias de saldo
y en remate de rebajas para probarnos la piel.

 

Nos convencieron de a poco
a entendernos inútiles en la protesta,
poca cosa para cambiarnos la vida
y ni mucho menos las penas de otras:
Son dos días en la vida y que sé yo,
qué puedo hacer si no soy nada
y a vivirla que se va en un soplo de pulmón
y en lo que estamos qué mejor que disfrutarla sin más
y el que venga luego que aguante su vela.
Y para qué si no soy más que un usurario decadente
de mi derecho gastado.

 

Nos ganaron la partida.
Moldearon nuestra mente a la justa medida
de una copa de sábado, entre pizza y revolcón.

 

Nos convencieron de a poco a vendernos tan de oferta
que no se admite ya el cambio.

Mariposa ilusoria

Sobre todo en momentos como ahora
en que mi corazón se acelera al ritmo de ayer,
cuando ya nada importaba todavía
y el mañana era un campo de amapolas transitable
cargado de frutos para mi.
En este compás que parece haberse trasladado
a aquellas mañanas de pan con nada
y leche en polvo suspendida en agua,
de recreos apartado de los chicos fuertes y seguros
de ojos agresivos aprendidos de un hogar
Sin juegos ni refugio.

 

En este instante vuelvo a creerme sin pretextos ya leídos,
sin cargas que me pesen como noches de domingo
y salgo a ti, de nuevo expectante con sonrisa nueva,
con lluvias que me mojan y me abonan las entrañas
y te busco para contarte que me acuerdo
de cada una de las letras que juré escribirte.

 

Y en un golpe letal de real inminencia
te descubro huida, inerte a las vidas que fabriqué
a las vueltas de tu esquina.
Detrás de la casa que soñamos okupar palanca en mano,
para dejarnos llevar a la violenta derrota
que sellara para siempre dignidades compartidas.

 

Ya no estás.
No estuviste nunca realmente a la mano de mis ganas,
a los pies de las botas gastadas que llevé con orgullo,
guerrillero de postal de quince años sin sombrero
que me curara del sol que hoy perdura en mi cabeza.
Y aún así luché por ti,
fabricando lacandonas comunalmente salvadas
del capital blanco y hetero.
Dibujándonos fangosas latitudes escondidas
de lo espantoso de un mundo castigado a no creer,
a saberse tan vacío de utopías y escuderos
que nos siguieran sin miedo
al trote de un rocinante moderno, siglo veintiuno,
tan urgente de ser salvado como engreído por serlo.

 

Quizás porque no estás, por tu ausencia de siglos tan sólo
en veinte años,
es que en momentos como ahora aún te busco.
Me refroto las alas en tu lengua
mariposa ilusoria que reposas sobre mi,
para en tu polvo enseñarme
que existe el vuelo de nuevo.

Toda la vida es ahora

Toda la vida es ahora
dijiste llevando a Machado a tu boca.
A la misma que había dejado de nombrarme para no tenerme,
para que no rozaran con tu lengua mis sombras de ayer.

 

Toda la vida es ahora y yo
anclado en ayer naufrago
sin velas de tela en navíos hacia atrás,
arrumbándose por océanos antiguos,
viejos mares de piratas embusteros
y rones a medias entre tu gana y la mía,
mojándonos siquiera
para olvidarnos en mañanas por venir.

 

Toda la vida es ahora.
Y yo embarcado en anteayeres
abordándote de nuevo.

 

Sin lactosa ¡nunca más!

Boca abajo nos jugamos
a recontarnos las cuentas
del cuento de la lechera,
leche semi o leche entera,
-sin lactosa ¡nunca más!-
gritaste a medio latido
y aorta en mano me juraste:
Es mentira el todo es sueño
y en la vida, todo es ir.

 

Y allá fuimos
¿qué perdemos?
si es la muerte lo de menos
en estos días tan ciertos,
cibernética razón.

 

Y me pediste un cortado
sin azúcares morenos
sin endulzar mi saliva
me enseñaste la salida
y sin pagarte, me fui.

Olvido

No te acordabas de cuándo fue,
de cuándo fuimos hilando el sueño.
De cada engaño que te oculté
para que nunca te hicieras daño.
De cada verso que te robé
buscando en rizos de tu cabeza,
de la certeza de ser café
en tus mañanas de beso nuevo,
en cada esquina en que te encontré,
en cada pliegue de mi sonrisa,
en cada erizo que se enroscó
para ya nunca tener más prisa.

 

No te acordabas y me juré
que no rompía mi voz tu olvido,
que ser testigo no era la fe
de este creyente falto de ombligo.