Democracia encubierta

Se  agarró como pudo
de los tres pelos sobrantes de su calva pensante.
Intelecto antiguo de laberintos filosóficos,
discusiones de bares nocturnos,
humo anquilosado en barras de madera
envejecida de ginebras derramadas
y egos agrandados por  las canas bien ganadas
en verdades absolutas.

 

Se agarró como pudo a las banderas aprendidas,
al discurso de memoria recitado a todas horas
aplaudido en la tribuna
improvisada y segura de la versión oficial.

 

Se agarró como pudo
tambaleándose el mundo por primera vez,
verdad descubierta aterradora y brillante
de democracia encubierta,
represivas respuestas a los derechos coartados,
a las piernas amputadas por soñarse al caminar.

 

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Despacito [de banderas y colonización]

Despacito, poco a poco
nos fueron depurando las lecciones a aprender,
las canciones que cantamos de memoria,
el gusto por la comida que no probaba mi abuela.
El tiempo verbal que hacía más cercano el buen empleo,
alejarnos del insulto en el patio del colegio
que nos sellaba del campo, aborreciendo lo nuestro.

 

Poquito a poco logrando cambiarnos nuestra manera
de vivirnos siempre lejos de sus guerras extranjeras
Archipiélago orgulloso de sus mil gentes de fuera.
Hoy vilmente arrodillado atado por sus cadenas
de balcones con banderas
que agradecen los seis siglos de humillaciones y afrentas
que mi pueblo lleva anexo como perpetua condena.

 

Poquito a poco alcanzando colocarnos bien la venda
que hoy disfraza al pueblo hermano
de enemigo en la contienda.
Poquito a poco lamiendo las botas que pisotean
a plena luz y al descaro, este país de miseria.

Pisadas comunes

Cansada de buscarte te encontré
cuando el aire te expiraba.

 

Hastiada de los poemas de antiamor
que imploran a gritos
las noches con luna de marejada nocturna,
paseos al pie de precipicios decadentes
a dos manos
de cuatro pisadas comunes.
Mentiras revolutas de poses facebookianas,
charlas de amor libre
y un cuarto de kilo de corazones con coraza.

 

Cuando ya no te esperaba te encontré
y vacunadas tú y yo
del celo con celos de las zarpas del capital,
patriarcal manera de hacernos daño
por querer,
nos olvidamos de querernos sin más
ni menos cargas impuestas por las nuestras,
tan liberadas que inventamos
las cadenas que nos atan.

rozar el suelo

sin cambio admitido

Se nos fue llenando de rumbre
la angustia antigua de culparnos por todo.
De abrirnos en canal las viejas venas
tan hinchadas de aguantarse
sin estallarnos por dentro.
Se nos fue olvidando la conciencia,
lavó sus manos y la cara avergonzada
en mares de caricias de saldo
y en remate de rebajas para probarnos la piel.

 

Nos convencieron de a poco
a entendernos inútiles en la protesta,
poca cosa para cambiarnos la vida
y ni mucho menos las penas de otras:
Son dos días en la vida y que sé yo,
qué puedo hacer si no soy nada
y a vivirla que se va en un soplo de pulmón
y en lo que estamos qué mejor que disfrutarla sin más
y el que venga luego que aguante su vela.
Y para qué si no soy más que un usurario decadente
de mi derecho gastado.

 

Nos ganaron la partida.
Moldearon nuestra mente a la justa medida
de una copa de sábado, entre pizza y revolcón.

 

Nos convencieron de a poco a vendernos tan de oferta
que no se admite ya el cambio.

Mariposa ilusoria

Sobre todo en momentos como ahora
en que mi corazón se acelera al ritmo de ayer,
cuando ya nada importaba todavía
y el mañana era un campo de amapolas transitable
cargado de frutos para mi.
En este compás que parece haberse trasladado
a aquellas mañanas de pan con nada
y leche en polvo suspendida en agua,
de recreos apartado de los chicos fuertes y seguros
de ojos agresivos aprendidos de un hogar
Sin juegos ni refugio.

 

En este instante vuelvo a creerme sin pretextos ya leídos,
sin cargas que me pesen como noches de domingo
y salgo a ti, de nuevo expectante con sonrisa nueva,
con lluvias que me mojan y me abonan las entrañas
y te busco para contarte que me acuerdo
de cada una de las letras que juré escribirte.

 

Y en un golpe letal de real inminencia
te descubro huida, inerte a las vidas que fabriqué
a las vueltas de tu esquina.
Detrás de la casa que soñamos okupar palanca en mano,
para dejarnos llevar a la violenta derrota
que sellara para siempre dignidades compartidas.

 

Ya no estás.
No estuviste nunca realmente a la mano de mis ganas,
a los pies de las botas gastadas que llevé con orgullo,
guerrillero de postal de quince años sin sombrero
que me curara del sol que hoy perdura en mi cabeza.
Y aún así luché por ti,
fabricando lacandonas comunalmente salvadas
del capital blanco y hetero.
Dibujándonos fangosas latitudes escondidas
de lo espantoso de un mundo castigado a no creer,
a saberse tan vacío de utopías y escuderos
que nos siguieran sin miedo
al trote de un rocinante moderno, siglo veintiuno,
tan urgente de ser salvado como engreído por serlo.

 

Quizás porque no estás, por tu ausencia de siglos tan sólo
en veinte años,
es que en momentos como ahora aún te busco.
Me refroto las alas en tu lengua
mariposa ilusoria que reposas sobre mi,
para en tu polvo enseñarme
que existe el vuelo de nuevo.

Toda la vida es ahora

Toda la vida es ahora
dijiste llevando a Machado a tu boca.
A la misma que había dejado de nombrarme para no tenerme,
para que no rozaran con tu lengua mis sombras de ayer.

 

Toda la vida es ahora y yo
anclado en ayer naufrago
sin velas de tela en navíos hacia atrás,
arrumbándose por océanos antiguos,
viejos mares de piratas embusteros
y rones a medias entre tu gana y la mía,
mojándonos siquiera
para olvidarnos en mañanas por venir.

 

Toda la vida es ahora.
Y yo embarcado en anteayeres
abordándote de nuevo.