Toda la vida es ahora

Toda la vida es ahora
dijiste llevando a Machado a tu boca.
A la misma que había dejado de nombrarme para no tenerme,
para que no rozaran con tu lengua mis sombras de ayer.

 

Toda la vida es ahora y yo
anclado en ayer naufrago
sin velas de tela en navíos hacia atrás,
arrumbándose por océanos antiguos,
viejos mares de piratas embusteros
y rones a medias entre tu gana y la mía,
mojándonos siquiera
para olvidarnos en mañanas por venir.

 

Toda la vida es ahora.
Y yo embarcado en anteayeres
abordándote de nuevo.

 

Sin lactosa ¡nunca más!

Boca abajo nos jugamos
a recontarnos las cuentas
del cuento de la lechera,
leche semi o leche entera,
-sin lactosa ¡nunca más!-
gritaste a medio latido
y aorta en mano me juraste:
Es mentira el todo es sueño
y en la vida, todo es ir.

 

Y allá fuimos
¿qué perdemos?
si es la muerte lo de menos
en estos días tan ciertos,
cibernética razón.

 

Y me pediste un cortado
sin azúcares morenos
sin endulzar mi saliva
me enseñaste la salida
y sin pagarte, me fui.

Olvido

No te acordabas de cuándo fue,
de cuándo fuimos hilando el sueño.
De cada engaño que te oculté
para que nunca te hicieras daño.
De cada verso que te robé
buscando en rizos de tu cabeza,
de la certeza de ser café
en tus mañanas de beso nuevo,
en cada esquina en que te encontré,
en cada pliegue de mi sonrisa,
en cada erizo que se enroscó
para ya nunca tener más prisa.

 

No te acordabas y me juré
que no rompía mi voz tu olvido,
que ser testigo no era la fe
de este creyente falto de ombligo.

Sin crédito

Me preguntaste por la economía,
por ese arte de saber colocar los números siempre en suma
nunca en resta, beneficio constante a menor coste.
Y yo, contándome a solas
a penas capaz de sumarme a tu lado,
multiplicar mis anhelos,
dividirte de mi vida para ser capaz de respirar
me quedé mirándote, absorto
desprovisto del cálculo necesario
para sostenerte a mi lado,
paralela a mi mirada,
sabiéndome sin crédito
tan falto de ti.

Humo

Tanta lección no aprendida
nos hizo sufrir calladas.
Ponerlo todo al fuego
para verlo quemar lentamente.
Respirar el humo,
inhalar la euforia de serlo todo
para al otro instante sonreír
sin hacer nada.

 

Cada puñalada que la vida te regala
es una bocanada de aire frío,
gélido abrazo de la herencia
que el olvido nos dejó
Sobre la mesa.
Breve nota de suicidio,
despedida desganada
de un futuro de cristal.

Guerra sin sábanas

Aún te queda en la mirada la tristeza
de aquellos días de guerra sin sábanas,
sin el armisticio a tiempo que evitara
la sangre derramada por tus calles.

 

Te arrastraste por las piedras de este suelo
puesto adrede con cincel, sudor y esmero,
cada china en tu zapato no fue vano,
nunca es gratis el misterio de vivir.
Te pediste de rehén en el secuestro
autoimpuesto de tu alma y tu sonrisa
diste en clave la numeración secreta
que abriría tu camino a resistir.

 

Y aún esperas presa de la desmesura
el segundo que te libre del asiento
que forjaste en beneficio del consuelo
de seguir hasta la tumba sin sentir.

Gaseosa sociedad

Abrazos a destiempo
que no cubren con las ganas
que se nos quedan por dentro,
tiempos negros de silencio,
sociedades gaseosas
que se evaporan sin gas.

 

Era mentira su cuento
de postales de viajes
a otros mundos tan a salvo
de este hambre entre las dos.

 

Era mentira la libre
libertad de andar sin casa
nunca con destino fijo
improvisando el andar.
Nos lo vendieron barato,
flexibilidad de  vida
al servicio de los hijos
del sistema capital.

 

Sin raíz no tienes nada,
tocarse el modo de amar.
Ir construyendo al golpito
los retales de un camino
que se camina de a poco
embarrando el pantalón.