Extraviarte el rastro

Miraba siempre hacia atrás
como temiendo extraviarte el rastro.
Pensó incluso alguna vez
recurrir al tradicional desastre
de ir dejando miguitas de pan
para perderse sin remedio.
Sabedor al fin
que bien un pájaro hambriento por días,
un chiquillo travieso de sonrisa atravesada
o el aire caprichoso que todo lo vuela,
tarde o temprano acabaría con la guía
de harina, sal y levadura horneada.

 

Luego pensó que no podía olvidarse
algo tan necesario para la vida
como rozarte la cara.
Buscarse en silencio en tus ojos cansados
a punto del diluvio diario,
como si limpiarlos fuera norma
para poder seguir mirando al mundo de frente,
como si creer dependiera
de la lágrima rota que las ganas te lavara.

 

Y así, convencido de volver a ti,
descansó aliviado al pie del camino
que dejaba atrás tu puerta.
No en vano el sendero de encontrarse,
dicen los antes que acaba
regresando siempre a casa.

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Los poemas de Julián

No cabía en sus cuatro paredes, mal pintadas
pero eso sí, de fuentes elegantes,
jardines que se riegan aún con lluvia,
apellidos engrandados por las manos estiradas
con la palma cara al sol y muy bien recompensados
por dictaduras recientes y su posdata actual,
no le cabían las ganas en este pueblo hastiado.

 

Tal vez por eso decidió, un verso aquí
un pie para allá, fugarse por la ventana.
Llegar, sobresaliente manera de viajar,
a lomos de un cuento nuevo, una risa improvisada,
una mirada enloquecida que buscaba, ni más ni menos,
cabalgar junto a tu montura por los caminos prohibidos
de la irreverencia proscrita,
a otros mundos posibles para inventar.

 

Tal vez bohemio obrero de fin de siglo, o quizá
poeta maldito de utopías andantes
o profeta con feligreses por encontrar,
dejó el hueco que dejan las estrellas fugaces,
esas que miras sin tiempo a penas para el deseo:
Un quédate a mi lado para siempre aunque en silencio,
un no te calles aunque marches sin permiso.

 

Habrá que inventarte de nuevo y pasearte
por mis noches y sus bares.
Las barras aún te esperan y sollozan,
se visten de sepelios los altares
que erigen las corrientes vecindades
y se lloran por mis barrios aún tus versos.
Prólogo para el libro “Los poemas de Julián”
Vereda Libros. Homenaje a Julián “El Mocana”

 

 

El vértigo y la veleta

Me olvidé decirte ayer
que desayuné el huevo duro que me sobró y sin café,
que no le eché sal como siempre,
porque leí por ahí que a partir de los cuarenta
la tensión nos mata más que toda falta de ella,
que se prescinde el volar,
que importa poco el deseo y menos aún su querencia,
que importa más dejar herencia
que soñar con heredar.
Que empezamos a pensar poco más en lo que queda
que en lo que está por pasar.

 

Y hasta me olvidé decirte,
que no reniego a la vida porque respiro inconsciente,
porque se me mete el aire en el pecho y sin permiso,
porque no presenta aviso, ni la instancia recurrente
con su firma y sello adscrito.
Porque es más fácil la inercia que dejar de respirar.

 

Y aún me queda por decirte,
que ayer me note de nuevo el hilo en mano y cometa,
que hasta rocé con los dedos el vértigo y la veleta
rotando al viento sin suerte
ni vuelo a un claro destino.
Me olvidé decirte al caso, que ayer fui niño contigo.

Yaiza

Cada vez que la lluvia comenzaba a caer
Yaiza salía al patio,
extendía en él la hamaca roja,
la misma que la abuela llevaba al Socorro
allá por cuando Agosto
y ponía su pequeña barriguita al viento.

 

Ico, la gata blanca que hacía ya dos
o tres inviernos que habitaba la casa,
la mirada absorta desde la ventana,
tratando de comprender
quién en su sano juicio abandonaba la estufa
y la mantita polar,
para empaparse de frío de la cabeza a los pies.

 

Pero Yaiza sonreía de la misma manera
que si tostase su espalda al sol,
estiraba su piel
sobre la tela enchumbada de la vieja toalla,
que sudaba lluvia por sus cuatro puntas.
Casi al punto del ahogo.

 

Alguien le dijo de niña
que si lograba regarse bien,
mojarse el alma en la sed con la que beben las plantas,
sus sueños serían altos como la fe y la esperanza,
como el camino secreto
que se abre nuevo en el agua.

 

Dimitri

Dimitri sabía bien que aquella mañana no duraría para siempre,
hubiera preferido un sol tímido al gélido aire que cortó su cara.
Aún así no podía desperdiciarla,
se subió la braga hasta la altura de la nariz
y caminó rápido y seguro
como si tuviera un sitio al que regresar,
como si el amor de su vida le esperara en una esquina.

 

Se fijaba en cada cara a su paso acelerado,
cada sonrisa grabada al fuego del frío,
mueca obligada de personas entregadas al qué dirán.
En la mano extendida en busca de la limosna
que aprovecha el mal tiempo como norma solidaria.
En los músicos que, afinando la desgana,
tocan la canción repetida una y mil veces para ser
agraciada en los oídos banales que prefieren la versión
a un buen tema original.
Sin apenas darse cuenta se encontró junto al Aguere.
No hacía más de cinco horas, tambaleándose,
había cruzado aquella puerta ahora desolada.
Aceleró el paso tan sólo un poco más,
tal vez dejando atrás los ridículos de una noche
que nunca fue tan poco suya.

 

Al cruzar en Trinidad miró su reloj,
faltaban cinco para las once y entonces ya no tuvo duda.
Rio con el sarcasmo de quien cae en la cuenta
que justo para la huida es cuando fue puntual.
Caminó ahora más tranquilo hasta el semáforo
deteniéndose por fin ante el verde intermitente,
y al rojo de la señal avanzó hacía el monstruo de metal,
que aunque lento,
Por una vez cumplió en hora el cometido.

Un desierto en Estambul

Lloras, a un metro de distancia
de estas manos que quisieran secar,
una a una, la lágrima fría
que se desliza en tu cara.
Una línea negra se desdibuja
formando un torrente
de arena fina, delgada,
en tu mejilla de curva perfecta,
la misma que escondes,
melena en la cara,
para esquivarte de mi.

 

Y yo sueño con levantarme,
perder el miedo que le tengo
al iris brillante que me mira desde abajo,
niña escondida en la duna,
arenosa, escurridiza,
de un desierto en Estambul.

 

Pero me pierdo en pasillos
con mil puertas por abrir.

 

Nuevo poemario: Enyesque poético, poemario de bolsillo para gente desinquieta ¡¡Resérvalo ya!!

[¡¡Haz tu reserva!!] Hace poquito anunciamos nuevo proyecto para este año que empieza y ya está tocando a la puerta. Presentamos por fin el nuevo poemario: “Enyesque Poético” que verá la luz el próximo 3 de enero ¡¡ya puedes reservar el tuyo!! al precio de 5 euros. Es una publicación de Libreando Ediciones
Las ilustraciones son a cargo de Juanan Martín, el diseño y la maquetación es una bella realización de Jess Guanila y la corrección es de la mirada de Aida MF.
Como siempre se trata de un parto colectivo, ni sabemos ni queremos hacerlo de otra manera.