Con el alma en los zapatos

Ella siempre lo tuvo claro, y yo
intentaba oscurecerla con preguntas sin respuestas,
emborronarle los ojos con mi desvelo apenado.
Lo caro de la vida que aún no teníamos,
los lunes sin futuro que estarían por llegar
y las facturas que harían hipotecar a los hijos,
el perro que aún no ladraba,
y el canario que se llevaría el cernícalo voraz
que ya en mi niñez acechaba mi casa.

 

Lo tenía tan claro, que asustaba a mi chico cansado
de no haber empezado el andar de mi camino.
E intenté inútil e inconscientemente quitar luz
a sus ojos farolas de aquellos tiempos sin sueño,
Porque dormir era una carga reservada para viejos
con todo el tiempo por perder.

 

Intenté reformarla, convencerla al fin
de lo importante de ser,
estudiar por encima de sus posibilidades,
prepararse sin vivir para una vida pactada,
la misma que amenazaba
con hambre y nada en las manos.
Y se reía de mí despertándome temprano
con sueños de mundos nuevos,
con el alma por zapatos dispuestos a andar tan lejos
que nadie pudo alcanzarnos.
Que siempre lo tuvo claro,
decía que la utopía era posible cantando,
y la entonó bien bajito para con ella abrazarnos.

 

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Lo que piensas sin querer

Hoy que me das la opción de elegir,
la posibilidad de hacer realidad
el dar, golpe de varita mágica sutil,
un toque de fantasía a este gris
de días estériles,
ahora, obligado a pensar en mis deseos
me quedo con lo poco
que te queda por quedarte.
El aire que se escapa de tu boca,
lo que piensas sin querer,
lo que dices sin pensar y el río
en que bebo entre tus piernas.

Duelo

Negro azabache es la cumbre
que se alza de tu pelo,
a golpe de trenzas, la esperanza
de seguir siendo salvaje,
potables de mundos lejos,
canción en plena mañana
para poder despertar.

 

Negra tu boca pirata,
sable embustero que embiste
mi boca apenas en sombra,
escondida en la mentira
que aguarda en compás de horas,
una caricia que acabe
la agonía en que me evocas.
Negra la voz de tu velo,
mortaja en duelo por otra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Corps de lumière, Jaume Mora

Estética

Celebremos la derrota del haber sucumbido
a su capital manera de cortarnos el pelo,
perfilar nuestra barba, llenarla de aceites,
corte perfecto en forma de punta
a modo Cortez, de navíos extraños
a la costa ennegrecida de mis islas viejas.

 

La derrota callada del habernos rendido
a su cabello perfecto,
bien peinadas cabezas de cajeras exhaustas ,
colas a modo de caballo repleto de horquillas
que sujeten los pelos, rebeldes, protestones,
haciendo rebeliones cargadas de almohadas.
Celebremos el fracaso de soñarnos en alto
cuando nadie escucha.
Nuestra valentía estoica y por momentos ecléctica
a las modas interétnicas de las redes socráticas
y aún para nada dialécticas.
celebremos la derrota y pasemos a otra cosa
cuidando siempre la estética.

Las aceras de mi pueblo no son monótonas

Las aceras de mi pueblo no son monótonas,
no son fáciles de ignorar,
no están sin más por estar,
como esas cosas que existen sin sentido
y uno las pisa
las corre
y a otra cosa porque no te interpelan,
no te hacen sentirlas, sufrirlas
y alcanzarlas,
como se alcanzan los sueños perseguidos,
los anhelos por conquistar,
y esas cimas eternas que rozan el cielo.

 

Las aceras de mi pueblo son muros infranqueables,
paredes verticales que escalar
escaleras sin apoyo, peldaños cortos al pie
mientras uno piensa en los quehaceres diarios,
las tareas pendientes nunca terminadas,
la noche que sin dormir te despedaza la excusa
y te recuerda quién eres, pero sobre todo
quién siempre quisiste ser.

 

Y tú las miras de abajo,
haciéndote chiquita, insulsa
como se mira a un jefe desde la chica silla
acomodada para enaltecerlo,
para compensar su complejo de hombre incapaz,
atracador de esclavos sin remordimientos.

 

Y de a poco comienzas a trepar por su piedra antigua,
por sus calles resbalosas del espelme sagrado,
vela en procesión caída en expía de la culpa
de los afanares viejos,
del apellido nombrado a fuerza de someter
en una tierra obsequiada a cambio del favor dado.
Tan desnivelada sociedad, que siempre andamos en cuesta
en este pueblo asustado.

 

 

 

 

 

*Espelme: http://www.academiacanarialengua.org/consultas/236/

 

 

Vaho en el cristal

Somos casi de cristal,
bocanada de vaho que nos deja la huella
para borrarse luego, despacio
a golpe de aire
para nunca más volver.

 

Somos al fin,
ese dibujo a mano alzada,
dedo tembloroso de niño
sobre el vapor nacido de la boca,
corazón errante, cara sonriente
o triste boca pasajera
que se funde con el vidrio,
volatizando al instante
y ya.

El gusto de ti

Y qué me queda de ti después de pasado un día.
De  apenas sentir que habitas en ese  ocaso temprano,
del bocado medio dulce que hace llevar la mañana
al golpe de un cruel horario que me obliga a serme infiel.

 

Y qué nos queda ¿te acuerdas? 
De la noche que no fuimos,
de la tarde sin paseo por el parque de mi infancia,
de la ausencia de mis  ojos hablando bajo a los tuyos,
de la mentira coartada que nunca alcance a decir.

 

Y qué nos queda sin sernos habiendo pasado un día,
si apenas no  te recuerdo y tengo el gusto de ti.

 

 

 

 

 

 

 

 

ilustración: Courtney Brims