Retén de pájaros

Yo quise bajarme,
saltar en marcha del vagón de esta vida rota.
Decir basta, decir ya no más,
saberme rama que flota en el agua tibia
de la sencillez callada,
árbol en la mar cautivo,
retén de pájaros que navegan
hacia la nada altiva,
la nada todopoderosa
de quien se sabe perdido
sin preocuparse de encontrarse.

 

Yo quise ser sin más
el aire en la cara de la muchacha temprana,
del niño que se sueña pirata
en las islas sin tesoros a mano,
tan sólo por el hecho de buscar,
del placer de saberse explorador
del vacío que aún vigila nuestro paso.

 

Yo quise ser gaviota,
volar las playas de mi pueblo cansado.
Ver desde arriba, intocable
los siglos de desdenes y lealtades,
la miseria agradecida,
endémica mueca en pleitesía
que se rinde a sin favores
de los ladrones del alma
del alisio sin dueño.

 

Yo quise ser sin más
para poder callar o hablarme según mis ganas,
según las rabia que me abrume
o el amor que me altere en la mañana.

 

Ser desapercibido por fin
o morirme de no estar donde me toca,
en las barras de los bares de mi barrio
gente antigua con suicidios cotidianos
Y un pasado que les niega
El derecho a desertar.
En las voces que susurran los destinos,
En la gana que aún desdeña la guadaña,
en la inercia que nos hace regresar.

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Tan a fondo

La nada nos llenó las entrañas tan a fondo,
que amarramos nuestro cabo
a este puerto inexistente
de la eterna juventud.
De un sin tiempo para todo,
de las ganas para luego,
y un para siempre que busca
una balsa por sostén.

Yoismo.

Voy a cantarle a la voz que nos roba las entrañas,
a esa chinija y sobrante de la cabeza angustiada,
a nuestras espalda cansada
de soportar el dolor.

 

A esa batalla cedida de sabernos divididas,
de conocernos perdidas
como el llanto en el nacer.

 

Nos diagnosticaron celo del cultivo del yo mismo,
la libertad arrodillada al antojo mañanero,
egocentrismo ambulante amputando la osadía
de organizarnos rebeldes ambicionando el común.

 

Nos robaron la herramienta que laboramos despacio,
encontraron la terapia que nos pareciera nuestra,
Nos pintaron las razones en que soñar lo exclusivo
de nuestro estómago roto y las ganas de matar.

 

Nos dividen con la excusa de encontrarnos la esperanza,
desde el deseo proscrito de merecer el no estar.

 

Nos convencieron al fin de ser lo primero sola,
mal entendido el cuidado con permitirnos mirar
tan a dentro de una misma que perdemos el sentido
de construirnos en otras para poder caminar.

 

 

 

Una risa con café

Nada tuve siempre que ofrecer,
de a poco un verso roto,
poca cosa para los ojos pendientes
de las métricas estrechas
y el verbo rococó.

Manos calientes
en el invierno húmedo de esta casa
de verdes nortes y cumbres
que enaltecen la esperanza.
Ojos que cansados de mirar
se cierran a penas lo justo
como para que la luz no hiera
los sueños que guardan.
Pies que buscan seguir andándote
despacio, como buscando el sendero
que te devuelve a mi puerto.

Y esta garganta asfixiada sin hablar,
que rebusca en el aliento casi exhausto
una gota de saliva que te nombre
para escucharte de nuevo,
en mis oídos alerta,
una risa con café.

Recital poético musical “Perdón por la Utopía” en La Orotava. Feria del Libro 2018

Este sábado estaremos con el recital poético musical “Perdón por La Utopía” en la Feria del Libro de La Orotava, a las 19 horas, en la Plaza del Kiosko…allí nos vemos
-Feliz poesía-

La Abuela espera en el portal

Encontrarte.
Saberte la rama, araucaria que aguarda
dando sombra y cobijo
al aire que se escapa del silencio,
que parte a cada rato
mi boca en dos.

 

Ser el verbo nunca en carne,
jamás conjugado para morir así
dicho como si tal cosa sin presencia apenas,
como si la garganta rota de mi niñez
callara por siempre.

 

Sentirte de vuelta
así, rabiosamente incoherente
lágrima fácil de hombre nuevo
y violencia en la boca,
frustraciones de siglos de este mar
cultivado de cuerpos ahogados por luchar.

 

Ven de nuevo, ahora
que la Abuela te espera en el portal.

Derecho de admisión

Qué descubriste en mis ojos
para creerlos tan tuyos,
qué de mis manos contaron
que eran parte de tus pagos
de tus derechos de sangre
de tu herencia de invasor.

Qué de este cuerpo cansado
te hace pensar en tu cuerpo
de privilegio constante,
señor y dios de este pueblo
de piel marcada en el fuego
y el castigo bajo el sol.

Qué de tu acento erigido
suprema voz de esta tierra
te dio el mando en la palabra,
reptil siseo incesante
sobre mi palabra antigua
legado de nuestro ayer.

Qué del silencio en mi boca
te hizo pensar que eras parte
de estas islas que aún te duermen
el derecho de admisión.