A soplos el té

Tú sabías bien como era.
No intenté nunca el engañarte
llevarte por caminos ocultos
misterios con lo que encubrir
mis hambres sin ganas
mis venas abiertas
mis sobras con sed.
No te mentí y aún
a cobro revertido me llamas,
me reclamas los pasos de este contador cansado de andar,
las pequeñas cosas que hacen de la vida lo insufrible de seguir,
abrazos contados, mientras enfrías a soplos el té.
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Bocas de ayer

El nuestro
que fue un amor de trinchera,
abierta herida, zanja infame entre dos bandos
ninguno culpable al fin del fin del otro,
ambos dispuestos a morir por no parar,
por no torcer el brazo erguido a ser vencidas.
El nuestro, que fue trinchera amor
de otras guerras que amenazaban nuestros pasos,
de las caras que nos miraban de lejos
asustadizas y miopes caras inertes
envidiosas de las ganas que latían
a dos por uno
en las sonrisas altivas
de nuestras bocas de ayer.

ilustración: “Agent O” by FinDAC.

No te conozco

Hoy que Facebook nos recuerda
cuando supe de ti.
Cuando comencé a ser alguien
en la pantalla de tu iPhone 4,
del iMac que compraste a base
de horas extras y cafés de madrugada
en calles mojadas de sangre proletaria,
de lluvias de hipotecas y finales de mes
que nunca acaban.
Hoy que Facebook me muestra tu foto
sonriente y bien jodida
exultante de poses frías para la posteridad,
caigo en la cuenta de que aún
no te conozco.

Huella ecoilógica

Me da igual que no sea la época.
Que la sequía haya confundido la tierra con sal,
que no se hayan dado humedades complacientes
con el nivel relativo correcto y casi exacto para su laboreo.
Yo quiero tu boca en mi plato, tu beso en mi almohada, tu calma en mi sien
saltándose infame el kilómetro cero, el biocultivo, el Tratado dispuesto ecológico fiel.
Dos de azúcar y un café.

Deriva

Cada palabra furtiva
de estos versos que te nombran.
Cada poema acabado, cada letra en el café.
Cada bocanada al aire que respiro sin la boca,
cada rota disciplina para empezar otra vez.
Cada cuerda de guitarra que desafina el acorde
que te entonaba el aliento
justo antes de abdicar.

 

Cada remo a la deriva de esta barca que se pierde
en la busca del castigo que nos condene sin más.
Cada noche que no acaba por más soles que me brillen,
cada luna que se apaga
por el impago de luz.

 

Cada vuelco de memoria que nos devuelve la Historia,
cada guerrilla perdida sin diarios ni cuartel.
Cada Sierra sin Maestra, cada Lacandona herida,
tanta excusa sin suicidas para jugarnos la piel.

Corre el tiempo

                                    sonja wimmer

Corre el tiempo del despierto,
del ya nunca creo en nada,
de es la cosa más correcta
abandonarnos la piel.
Ser el listo de la lista,
ser el héroe del cronista,
trapecista en las aristas
que nos dejan traspasar.
Ser el tuerto al descubierto
que no teme en reflejarse
que se pasea sin miedo
que nada tiembla perder.

 

Corre el tiempo del desierto,
de encontrarnos soledades,
de hacer la guerra por libre
del no sabernos mirar.
De ser fugaces eternas
condenadas ante el ego
de creernos tan capaces
y no querernos creer.